Una provocación dulce y sensual

chica provocativaVideos xxx gratis La chica de quien os hablo se llama Luna, tiene veintisiete años, es preciosa, con el pelo claro, rizado, muy largo, una sonrisa dulce y una mirada que hechiza desde el primer momento. Tenía novio al igual que yo, éramos amigas desde hacía tiempo y nunca la había mirado con malas intenciones, Aunque era consciente de que era una mujer que no pasaba inadvertida, era de las que provocan que los hombres (y algunas mujeres) vuelvan la cabeza cuando pasa.

Luna había cambiado de ciudad y me invitó a pasar un par de días con ella, ya que en los últimos tiempos apenas nos veíamos y solo nos comunicábamos por internet. El primer día transcurrió de lo más normal, por la mañana estuvimos de tiendas, me compré un porno bikini y algunos trapitos más y por la tarde decidimos irnos a la playa para estrenarlo. Yo nunca había hecho top-less pero sabía que ella lo hacía con frecuencia, llegamos a la playa y se quedó con tan solo una braguita pequeña y nos fuimos al agua.

Una vez dentro me dijo que porqué no me animaba a quitarme el bikini, que era muy agradable sentir el agua directamente en la piel, para entonces ella estaba con sus braguitas en la mano… me daba un poco de corte, pero al fin y al cabo, ella me había visto desnuda muchas veces y donde estábamos dentro del agua nadie podía vernos, me decidí y me quité todo… la verdad es que la sensación del agua fría entre las piernas era muy agradable y todo aquello me estaba excitando, no pude evitar mirar los pechos de Luna, siempre había deseado tenerlos como ella, grandes, duros, tersos, en ese momento tenía los pezones duros por la temperatura del agua… estaba preciosa así desnuda, por primera vez en mi vida sentía deseos de tocar esos senos, de sentirlos… nunca había tocado a ninguna mujer y tampoco me atrevía a hacer nada por miedo a su rechazo.

Quité esa idea de mi mente y le propuse salir a tomar el sol, nos pusimos las braguitas del bikini y Luna me dijo que no me pusiera lo de arriba, sobretodo para que no tuviera marcas, decidí hacerle caso y ambas salimos del agua con las braguitas nada más.

Nos tumbamos al sol y le pedí la crema, la mía se me había olvidado y ella se ofreció voluntaria a echármela, me pidió que me tumbara boca arriba primero, me dijo que tenía que ponerme protección en el pecho, ya que nunca lo había tenido así expuesto al sol y no era cuestión de que me quemara.

Luna se puso de rodillas a mi lado, puso un poco de crema en sus manos y comenzó a extenderla sobre mis pechos, dándome un suave masaje que me estaba poniendo a mil, hizo que los pezones se pusieran de punta, tan duros como nunca habían estado, yo trataba de evitar que ella lo notara, estaba turbada por mis propios pensamientos, por mi cabeza pasaban mil cosas… no terminaba de entender como me podía estar poniendo así, si era mi amiga y a mi no me gustaban las mujeres, pero esta sí me gustaba y mucho, lo estaba descubriendo al sentir su manos… dejó de tocar mis pechos y fue poniendo crema por el resto de mi cuerpo, tocando lentamente, masajeando, deteniéndose en las zonas más sensibles… ¿Eran imaginaciones mías o me estaba provocando? Yo no quería decir nada, tenía miedo de estar malinterpretando las cosas, simplemente la dejaba hacer mientras notaba como mi sexo estaba cada vez más húmedo.

Terminó de ponerme la crema y yo hice lo mismo con ella, me fui deleitando en su espalda, sus piernas, su abdomen y dejé para el último lugar sus pechos, por fin iba a tenerlos entre mis manos. Los empecé a tocar… eran los primeros que tocaba que no fueran los míos, la sensación era muy agradable… los fui amasando, masajeando, disfrutando de ellos… terminé de ponerle la crema y me eché a su lado sobre la toalla a tomar el sol. Ella me miró y se echó a reír, seguro que intuía la batalla que se estaba librando en mi cabeza, ella era más lanzada que yo y a mi todo aquello me estaba dejando de piedra.

Estuvimos un rato más y decidimos ir a su casa para ducharnos y ponernos guapas para salir de fiesta.

La primera en entrar en la ducha fui yo, en cuanto me sentí desnuda con el agua caer, mis manos comenzaron a dar cuenta de la excitación contenida durante la tarde y cuando comencé enjabonar mi cuerpo irremediablemente mis manos fueron directas a mi sexo, empecé a acariciarlo, primero despacito, recorriéndolo entero, desde el ano hasta el clítoris, pero poco a poco mi desesperación fue haciendo que los movimientos fueran más rápidos, abrí un mueblecito que tenía con los jabones, necesitaba sentir algo dentro de mi coño y detrás del todo vi que había un consolador, sin pensármelo lo introduje en mi vagina, más caliente aún pensando que este había estado antes en el coño de Luna, sin moverlo, solo sintiéndolo dentro, acaricié mis pechos, pellizqué los pezones, mientras mi dedo se movía en espiral sobre el clítoris… empecé a mover el consolador con brusquedad a la vez que los movimientos de mi dedo sobre el clítoris se hacían más intensos hasta que estallé en un orgasmo intenso y prolongado.

Salí de la ducha envuelta en una toalla, vi como Luna me miró de arriba abajo, pero no dijo nada, se metió ella en el baño, entré en su dormitorio para cambiarme y vi que tenía el balcón abierto, salí un momento a tomar el aire, todo esto que estaba sintiendo me estaba sobrepasando. Observé la calle, los edificios vecinos, yo venía de un lugar tranquilo y con casas por todos sitios, por lo que siempre me llamaba la atención los edificios de las grandes ciudades. Mirando vi como en el edificio de enfrente había un señor. Estaba también en el balcón, tendría alrededor de cuarenta años, era bastante alto, pelo cano y porte elegante. Me gustó y él también parecía interesado en mi, en ese momento me di cuenta que quizás me miraba porque solo estaba cubierta con la toalla. En ese instante Luna se acercó por detrás y me cogió por la cintura, yo hice como que ese gesto no tenía importancia y le pregunté quien era ese hombre, me dijo que era Raúl, un vecino con el que a ella le gustaba jugar… Vio que me quedé un poco sorprendida ante esa declaración y dijo que me lo iba a contar, pero solo si la dejaba besarme, que era lo que llevaba deseando durante todo el día.

Me besó allí mismo, en el balcón, ambas estábamos envueltas con sendas toallas, me dio el beso más largo y dulce que jamás me hayan podido dar, yo me di la vuelta otra vez mirando hacia la calle, estaba un poco aturdida y excitada a la vez, había comprendido que tipo de juego era al que se refería Luna, le pregunté si Raúl la solía ver masturbándose y me dijo que sí y que hoy quería darle otro tipo de espectáculo siempre que yo estuviera dispuesta.

No le contesté, pero mi mirada debió delatarme y Luna me volvió a abrazar desde atrás haciendo que mi toalla se deslizara y dejara un pecho a la vista. A mi me parecía increíble estar haciendo eso con una mujer y con alguien viéndonos, pero estaba tan caliente que quería dejarme llevar.

Mientras acariciaba el pecho que había quedado descubierto metió una mano bajo la toalla tocando mi coño que ya se había empezado a lubricar de nuevo. Mi cara debía parecer un poema, no podía evitar mostrar el placer que sentía, Luna me estaba penetrando con dos dedos mientras acariciaba y pellizcaba mi pecho, sentía su respiración en mi espalda y sentía como de vez en cuando me daba pequeños besos en la misma… estaba a punto de correrme y lo que más me sorprendía era como me gustaba que ese hombre me viera, dejé que mi toalla cayera del todo, Luna sacó sus dedos de mi coño y lo empezó a lamer…

Decidimos pasar adentro, aunque Raúl seguía viéndonos porque la puerta del balcón y las cortinas estaban abiertas, no pude contenerme más, le quité la toalla y echándome sobre ella en la cama comencé a besarla con locura y dulzura a la vez, fui deslizándome por su cuello, sus hombros y llegué hasta sus pechos, esos pechos que me habían estado volviendo loca todo el día. Los comencé a lamer despacito, recorriéndolos con la punta de la lengua, primero en grandes círculos, luego fui acotando despacito el contorno de los pezones, rozando con la lengua el borde, notaba como gemía debajo de mi, como se movía presa de la excitación y comencé a lamer directamente el pezón, le daba pequeños mordiscos mientras que mi mano acarciaba su coño… estaba empapada y fui descendiendo hasta ese maravilloso tesoro que nunca había sido comido por una mujer, para mi la novedad también era inmensa, era la primera vez que iba a probarlo, la primera vez que iba a saborear esos jugos… comencé a lamerlo lentamente, lubriqué la entrada de su ano, saboreé su coño y me detuve frene al clítoris, primero lo besé y eso parecía estremecerla aún más y luego lo fui lamiendo poquito a poco mientras que mis dedos iban entrando y saliendo alternativamente de su coño y de su ano hasta que estalló de placer en mi boca… Fue sensacional, no me dio tiempo a separarme de ella cuando había comenzado a besarme como una fiera, con una pasión que jamás había visto, estaba saboreando su propio coño en mi boca y parecía disfrutar… Miré hacia el balcón y Luna también lo hizo, vimos a Raúl dentro de la casa, pero podíamos ver a través del balcón como se masturbaba, Luna y yo nos miramos y nos echamos a reir, mientras ella iba besándome lentamente todo el cuerpo, excitándome cada vez más y más hasta que su boca consiguió arrancarme el más dulce orgasmo que haya sentido nunca. Nos quedamos en la cama abrazadas, acurrucadas una junto a la otra, besándonos y acariciándonos con dulzura hasta dormirnos profundamente.

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